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Alex Domènech

One last song
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One Last Song

[…] Y diría que no era el lugar más feliz del mundo, aunque para nada era un sitio triste. Dependía un poco de hacia donde miraras o en quien te fijaras. Desde la barra, entreveía señoras y peinados, conservados intactos como por arte de magia hasta el día del baile. Las duras luces puntuales repartidas por la discoteca eran caprichosas a la hora de elegir que escena iluminar: una mano sujetando un cubata, una calva reluciente, la visión fugaz de un empeine obeso pero grácil bailando al ritmo de la lambada, una hombrera, un broche con forma de libélula. Me perdía en los detalles, nada parecía fruto del azar. 

Entré allí buscando la decadencia de una pista de baile antigua. Lo que me encontré, en cambio, fue una mezcla de primeras impresiones más bien chocantes que colisionaron contra mis imaginarios y prejuicios. Con el tiempo fui consciente de que hay búsquedas que no terminan, de que a una esencia no la diluye el tiempo. No siempre se deja de ser lo que se ha sido. […]

Con One Last Song viajamos a un futuro remoto, donde el deseo y la soledad comparten trono, donde la búsqueda no se da por vencida. Un lugar donde fracasos y segundas oportunidades se dan la mano y bailan juntos en la pista. Inevitablemente, el tiempo se derrite; hace ya tiempo que le perdimos ventaja. Es domingo por la tarde, las luces se apagan, pero aún hay tiempo para una última canción.

www.alexdomenech.com